Las estrategias de marketing de los partidos políticos van incorporando nuevos instrumentos que sorprenden cada vez más a los ciudadanos. Uno de los casos más renombrados fue la utilización de las Web 2.0 y las nuevas tecnologías en las elecciones de 2008 en Estados Unidos, donde tuvo su máxima expresión hasta el momento. Estos instrumentos -los de
la Web 2.0- se sumaron al mundo de la política para ofrecer una perspectiva distinta de comunicación con las personas por varios motivos: porque dan más interacción con el votante y mayor participación ciudadana, porque ofrece posibilidades concretas de captar el interés de los jóvenes, porque es el medio de mayor crecimiento exponencial y porque su acceso es muy económico en comparación con otros canales de comunicación.


La imagen es sumamente poderosa, algo hartamente comprobado; sin embargo desde hace un tiempo, todas las acciones de marketing se dirigen cada vez más hacia los sentidos de los consumidores más allá de lo visual. De esta manera las empresas supieron identificar canales alternativos para conectarse con sus clientes y poder maximizar sus ventas. Si se cuida la imagen de un producto, ¿porqué no brindarle otros atractivos que lo acompañen y que le permita llegar aún más al consumidor? Las empresas vieron en los aromas y las fragancias un canal de acceso directo debido a que teñían al producto de otros valores, brindándole una mayor identidad y distinguiéndolo de la competencia.

En política está ocurriendo lo mismo y con el paso del tiempo van surgiendo nuevas ideas para “llegarle” a las personas. Focalizar en los sentidos de los votantes parece cada vez más importante a la hora de hacer campaña y por eso algunos formatos parecen graciosos o hasta extravagantes. Pero la estrategia de impregnar a un partido político de un aroma que brinde una identidad es una idea que puso en práctica el Partido Socialista Catalán que lanzó su propio perfume. La propuesta de generar un aroma propio del partido tuvo como principal objetivo poder comunicarse con sus votantes de una manera distinta. Para ello se buscó captar la esencia de los valores humanos y sociales que transmite el Partido Socialista.












Desde siempre, las formas más directas de distinguirse entre los partidos políticos, más allá de las ideologías y las corrientes de pensamientos, tienen que ver con sus símbolos, colores y banderas. Los logotipos de sus escudos y emblemas los dotan de una identificación que los hacen únicos e inigualables. Las formas de caracterización de los partidos políticos fueron incorporando nuevos símbolos: la música con himnos partidarios y la publicidad creativa con eslogans seductores. Todas estas insignias se dirigen directamente a los sentidos del ser humano. La política fue emulando cada vez más características del mundo empresario que fue perfeccionando estrategias de venta, buscando las formas más eficaces de conectarse con las personas. Las empresas entendieron que había que vincularse desde los sentidos y parece que el mundo de la política continúa llevando las prácticas empresarias a su territorio para probar si pueden obtener los mismos resultados. Así fue como desde el Partido Socialista Catalán decidieron sumar su propio aroma.

Para la empresa que generó la fragancia, el perfume “expresa los valores colectivos que caracterizan al pensamiento de los socialdemócratas”. El perfumista Toni Alvarez intentó plasmar ideas de “justicia social, igualdad, progreso y bienestar colectivo" en una fragancia. La composición del perfume se basa en bergamota de Calabria y unas notas aromáticas especiadas, pero además contiene pétalos de rosa que transmiten sentimientos "nobles y puros", así como una nota de pachuli, que favorece la reflexión, la confianza y el entendimiento.

La “fragancia socialdemócrata” tuvo un importante éxito entre los grupos parlamentarios catalanes y se transformó en un nuevo e insólito método que busca capturar una identidad recurriendo a la vinculación sensorial olfativa de las personas.